Me llamo Laura, tengo 38 años y vivo en Valencia. Y hasta hace poco menos de dos años, pensaba que había cerrado el capítulo del Opel Corsa con una pérdida de cuatro mil euros que simplemente tendría que asumir. Ya había vendido el coche. Ya había comprado otro. El tema estaba zanjado. O eso creía.
El Corsa lo compré nuevo en enero de 2020. Un Opel Corsa F 1.2 Turbo, color rojo, versión Edition. Cero kilómetros, financiado en el concesionario de Opel en la avenida de las Cortes Valencianas. Era mi primer coche nuevo de verdad — los anteriores habían sido de segunda mano — y estaba bastante ilusionada. Lo elegí porque consumía poco, era fácil de aparcar en el centro, y la garantía de tres años me daba tranquilidad.
Durante los primeros treinta mil kilómetros, perfecto. Sin nada que objetar.
El aceite que desaparecía sin explicación
Creo que fue en verano de 2021 cuando lo noté por primera vez. Fui a la revisión de los 30.000 kilómetros y el mecánico me dijo, de pasada, que el nivel de aceite estaba un poco bajo. Le pregunté si eso era normal y me dijo que "dentro de los márgenes". No le di más importancia. Luego, a los dos o tres meses, lo revisé yo misma y estaba bajo otra vez. Bastante bajo.
Fui al concesionario. El mecánico me miró el coche, me dijo que el consumo de aceite en estos motores pequeños "puede ser elevado" y que tenía que revisar el nivel cada mil kilómetros más o menos. Me quedé mirándolo. Le dije que era un coche prácticamente nuevo. Me dijo que sí, que lo sabía, pero que "técnicamente está dentro de la especificación del fabricante". Esa frase se me quedó grabada. Técnicamente dentro de la especificación. O sea, el fabricante considera normal que su motor trague aceite. Fantástico.
Volví al cabo de otros cuatro meses con más aceite consumido. Esta vez pregunté directamente si había algún problema conocido con el motor. La respuesta fue que no, que era un motor moderno y eficiente, que igual yo hacía mucha ciudad. Hago bastante ciudad, sí. Pero eso no lo explica todo. Salí del concesionario con la sensación de que me estaban tomando el pelo, pero sin saber muy bien qué hacer.
La decisión de vender: el mercado ya lo sabía
A principios de 2022, con el coche rozando los 50.000 kilómetros, decidí que quería cambiarlo. No era tanto el aceite en sí — que tampoco era una tragedia económica diaria — sino la incertidumbre. No sabía si en algún momento iba a reventar algo y encontrarme con una factura enorme. Así que empecé a buscar comprador.
Puse el coche en Wallapop y en Milanuncios. El precio que pedía estaba basado en lo que yo había pagado, los kilómetros que tenía, y los valores de referencia de Eurotax. Me pedía unos 14.500 euros y me parecía razonable. Lo que no esperaba fue la cantidad de mensajes que recibí preguntando específicamente por el motor. "¿Es el 1.2 Turbo?", "¿ha consumido aceite?", "¿ha tenido problemas con la cadena?" Varios me lo preguntaron casi con esas mismas palabras exactas.
Al final lo vendí en agosto de 2022 por 10.400 euros. El comprador — un chico de Valencia que vino con su padre, muy bien informado los dos — me lo rebajó alegando precisamente el problema conocido del motor PureTech. Me dijo que lo había mirado en foros y que ese motor "tiene fama". Yo no sabía de qué fama hablaba exactamente. Pero necesitaba vender, así que acepté. Cuatro mil euros menos de lo que esperaba sacar.
"Lo que más me dolió no fue el aceite en sí. Fue descubrir, un año después de vender, que habría podido reclamar esa pérdida de valor. Que tenía derecho. Y que el concesionario nunca me lo dijo." — Laura, Valencia.
El artículo que lo cambió todo
En primavera de 2023 — ya tenía otro coche, ya había olvidado más o menos el tema — vi compartido en Twitter un artículo sobre reclamaciones por el motor PureTech. Lo leí sin mucho interés al principio, pero según avanzaba me fui poniendo cada vez más tensa. Hablaba exactamente de mi coche. Del mismo motor. Del mismo consumo de aceite. Y mencionaba algo que no me esperaba: que incluso quienes ya habían vendido el vehículo podían reclamar la depreciación sufrida en la venta.
Me quedé parada. Releí esa parte dos veces. Yo ya no tenía el coche. Lo había vendido hacía casi un año. Siempre había dado por sentado que si ya no eras propietario, el tren había pasado. Pero ahí decía que no. Que el perjuicio lo había sufrido yo, no el nuevo propietario, y que ese perjuicio era reclamable.
Busqué ReclamaPureTech.com, rellené el formulario explicando mi situación — que había vendido el coche, que había perdido dinero en la venta, que tenía el contrato de compraventa original y también el documento de la venta —, y esperé. Me contestaron al día siguiente. Lo que me explicaron fue que efectivamente, vender el coche no extingue el derecho a reclamar por el daño que ya habías sufrido. El daño era la depreciación. Y esa depreciación estaba documentada.
Cuatro meses y 2.600 euros
El proceso fue más rápido de lo que esperaba, la verdad. Mandé los documentos — contrato de compra del Corsa nuevo, factura del concesionario original, el contrato de venta del particular, y los informes del concesionario donde ponía que el consumo de aceite era "normal" — y en unos cuatro meses me comunicaron que Stellantis había aceptado compensar la depreciación.
El importe fue de 2.600 euros. No los 4.000 que perdí, porque el cálculo de la depreciación atribuible al defecto no cubre el cien por cien de la diferencia de precio en todos los casos. Pero 2.600 euros que yo daba completamente por perdidos. Dinero que, sin este proceso, jamás habría visto.
Cuando me lo comunicaron llamé a mi madre, que es la persona con quien hablo cuando me pasa algo importante. No me creyó al principio. Me dijo "¿pero cómo vas a cobrar algo de un coche que ya no tienes?" Le expliqué la lógica y se quedó tan sorprendida como yo. "Pues mira", me dijo. Y ya.
Lo que me llevo de todo esto es una enseñanza bastante clara: cuando tienes un problema con un coche, no asumas que el concesionario te va a contar todo lo que tienes derecho a saber. Ellos tienen sus intereses, que no siempre coinciden con los tuyos. Y si ya vendiste el coche pensando que habías cerrado el asunto con pérdidas — quizás no lo has cerrado. Merece la pena consultarlo. A mí me devolvieron 2.600 euros que creía que no volvería a ver.
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