Casos reales

Cómo recuperé 3.200 € después de que la cadena de mi Citroën C4 se rompiera a 89.000 km

Me llamo Miguel Ángel, tengo 43 años y vivo en Zaragoza. Trabajo en logística, lo que quiere decir que paso muchas horas al volante y que el coche no es un lujo sino literalmente mi herramienta de trabajo. Por eso cuando en 2018 busqué un coche de ocasión, lo hice con cuidado. Quería algo fiable, con pocos kilómetros, que no me diera problemas. Encontré un Citroën C4 Cactus 1.2 PureTech de 2016, gris oscuro, en un concesionario de ocasión aquí en Zaragoza. Tenía 34.000 km. Lo compré por 12.400 euros, que me pareció un precio razonable para lo que era.

Durante casi cuatro años, el coche funcionó sin incidentes. Hacía todas las revisiones en el taller oficial de Citroën en Zaragoza, el de la avenida de Navarra — guardé todas las facturas, soy de los que guardan todo en una carpeta. Creo que fue en torno a los 70.000 km cuando empecé a notar de vez en cuando un ruidito raro al arrancar en frío. Un traqueteo suave, muy breve, que desaparecía enseguida. Se lo comenté a un mecánico en una revisión y me dijo: "Eso es normal en estos motores de tres cilindros, son así." Le creí. No tenía motivos para no hacerlo.

El día que todo se paró en la A-2

Era febrero de 2022. No recuerdo exactamente la fecha, creo que fue un martes a mediados de mes, pero sí recuerdo el frío que hacía. Iba por la A-2 en dirección a Madrid, a unos treinta kilómetros de Zaragoza, cuando el coche perdió potencia de golpe. No fue gradual. Fue un golpe seco, una sacudida, y el motor se apagó. En plena autopista. Metí el freno, conseguí sacar el coche al arcén y me quedé ahí, con el corazón a cien, intentando arrancar sin éxito.

Llamé a la grúa. Tardó algo más de una hora en llegar — en ese rato me quedé helado en el arcén, sin saber qué había pasado. La grúa me llevó al taller oficial de Citroën más cercano, que resultó ser el mismo al que llevaba el coche siempre. Los 89.000 km que marcaba el cuentakilómetros cuando lo dejé allí no se me van a olvidar.

Al día siguiente me llamaron. El técnico me explicó lo que había pasado: la cadena de distribución había fallado. La guía estaba desgastada, había cedido, y el motor había sufrido daños internos importantes. El presupuesto para la reparación era de 2.800 euros. Dos mil ochocientos euros.

La culpa, según ellos, era mía

Cuando pregunté cómo era posible que eso pasara con un coche de seis años y 89.000 km, la respuesta me dejó sin palabras. El jefe de taller me dijo, con una calma que todavía me saca de quicio recordarla: "Esto es un problema de mantenimiento. Si el aceite no se cambia con la frecuencia adecuada y con el aceite homologado, la cadena se desgasta antes." Le respondí que tenía todas las revisiones hechas en su propio taller, en papel, con su sello. Me dijo que tendría que comprobarlo.

Lo comprobaron. Efectivamente, todas las revisiones estaban hechas en plazo y en su taller. Y aun así me dijeron que la garantía no cubría lo sucedido — el coche ya tenía más de cuatro años y había superado los 80.000 km, así que la garantía oficial había expirado. La reparación iba por mi cuenta.

No tenía opciones. Necesitaba el coche para trabajar. Pagué los 2.800 euros con una tarjeta de crédito porque en ese momento no los tenía en cuenta. Y me fui a casa con una factura en la mano y una rabia que no sabía muy bien dónde meter.

Lo que me dijo un amigo en una cena

Unas semanas después, en una cena con amigos, le conté la historia a Sergio, que trabaja en una asesoría y entiende de estas cosas más que yo. Le dije lo que me había pasado, el importe que había pagado, lo del "mantenimiento" como excusa. Se quedó pensando y me dijo: "Miguel Ángel, eso que describes suena exactamente al fallo del motor PureTech. Hay gente que está reclamando por eso." Yo no había oído hablar del tema en mi vida.

Esa noche, cuando llegué a casa, me puse a buscar. Y encontré bastante. Artículos, foros, casos de personas con el mismo motor y el mismo problema. Encontré ReclamaPureTech.com buscando algo como "reclamar cadena PureTech Citroën" en Google. Leí la página entera. Varias veces.

"Pagué 2.800 euros convencido de que era culpa mía. Tardé meses en enterarme de que el problema estaba reconocido desde hacía años y de que tenía todo el derecho del mundo a reclamar." Lo que más me costó aceptar no fue el dinero — fue saber que el concesionario lo sabía y no me dijo nada.

Mis dudas antes de registrarme

Seré honesto: tardé un par de semanas en dar el paso. Soy desconfiado por naturaleza y eso de "reclamar al fabricante" me sonaba a algo muy complicado, muy largo, y probablemente inútil. Pensaba que Citroën era una empresa enorme y yo era una persona con una factura de 2.800 euros. ¿Qué posibilidades reales tenía?

Pero seguí leyendo. Casos concretos. Personas que habían recuperado dinero. El fundamento legal explicado con claridad. Al final rellené el formulario, envié los datos del coche y la documentación que tenía — la factura de compra de 2018, el historial completo de revisiones en el taller oficial y la factura de la reparación de 2.800 euros — y esperé.

Me llamaron al día siguiente. Una persona me explicó que el caso era perfectamente viable: la cadena fallando a 89.000 km en un vehículo con todas las revisiones al día era exactamente el perfil de reclamación más sólido que existe. Que la excusa del "mantenimiento" no se sostenía cuando tienes un historial de revisiones en el propio taller oficial. Me explicaron el proceso, los plazos aproximados y qué podía esperar. Cinco meses, más o menos. Sin garantías de éxito total, pero con fundamento real.

Cinco meses de espera y una llamada que no esperaba

Hay que ser honesto sobre la espera: es larga. Tuve momentos en que pensé que no iba a salir nada, que al final Stellantis iba a ignorar la reclamación y punto. Pero el proceso siguió su curso sin que yo tuviera que hacer nada especialmente difícil. Algún documento adicional que me pidieron, alguna aclaración. Poco más.

A los cinco meses, creo que fue en julio o agosto de 2022, me llamaron para comunicarme la resolución. La compensación acordada era de 3.200 euros. Trescientos euros más de lo que había pagado por la reparación. Esos trescientos de más correspondían a la depreciación adicional que había sufrido el vehículo por el incidente y al coste de la grúa, que yo no había contabilizado pero que habían incluido en el cálculo.

Me quedé un momento callado al teléfono. No me lo esperaba así, tan limpio. "¿Y cuándo llega el dinero?" pregunté. "En el plazo acordado, que son treinta días desde la firma." Firmé. Llegó.

Lo que pienso ahora

Lo que más me cuesta perdonar no es haber pagado esos 2.800 euros — al final los recuperé con creces. Lo que más me cuesta es haber pasado meses creyendo que había hecho algo mal. Que quizás no había cuidado bien el coche. Que era culpa mía. Y no lo era.

El defecto del motor PureTech está documentado. Hay sentencias en varios países europeos. El fabricante lo sabe. Y sin embargo el taller oficial de Citroën me miró a la cara y me dijo que era un problema de mantenimiento. Con todas mis facturas delante.

Si tienes un Citroën, un Peugeot o cualquier coche con ese motor y has tenido un problema similar — o incluso si solo notas que gasta más aceite de lo normal —, no te quedes con la duda. Lo que tardas en consultar es cero. Lo que puedes recuperar, como mínimo, no es poco.

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